La serenidad no puede durar eternamente, y tiene que haber un algo/alguien que induzca con violencia suprema la sensación repugnante y perturbadora de la confusión. La práctica está perdida, el miedo continúa latente esperando actuar en el momento preciso... ¿cómo dominar un atado de pensamientos entregados al azar? ¡si yo no creo en él!...
"Espero"; "me gustaría". No puedo depender de la ilusión, el progreso se ha visto en la acción. Ahí es donde debo golpear con fuerza... o quizás no, debo permanecer como tal.
Siento vergüenza.
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